Rascasa y el bienestar vecinal

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA | LA VERDAD DE CARTAGENA


El objetivo de Rascasa es el bienestar de la comunidad vecinal donde irradia su acción, no el colectivo Rascasa en sí mismo. Me lo repite Manolo García de manera reiterada. Ojalá que desapareciese porque no fuese una asociación necesaria para Los Mateos, Santa Lucía, barriada Santiago y Lo Campano. Esa sería la mejor prueba de que los graves problemas que los asolan habrían desaparecido o al menos se habrían visto aminorados.


Me reúno con él y con Encarna Aguirre, ambos profesores jubilados, para callejear por Los Mateos y disfrutar de una espléndida vista al puerto desde el castillo de Los Moros. ¡Cuántas posibilidades para el turismo cultural! Me regalan el libro 'Crónicas Rascaseras. 25 años abriendo caminos' (2018). De manera original, cincuenta personas que han pasado o siguen en la empresa lo elaboraron mediante un balance por grupos, encargándose cada uno de ellos de un tema o etapa de la asociación.


Se constituyen como coordinadora de colectivos en asamblea del 23 de septiembre de 1990. Mucho tuvieron que ver los maestros de educación de adultos, los colegios de la zona y las asociaciones vecinales, como ya me contó Diego Sánchez para el libro que escribí: 'Historia del movimiento vecinal de Cartagena y comarca' (2005).


En las 'Crónicas Rascaseras' abunda la vida fecunda en fotografías desbordantes de actividades, talleres, fiestas, manifestaciones, asambleas, jornadas de puertas abiertas, convivencias y hasta Reyes Magos. Conjuntamente con Ayuntamiento, Comunidad, Gobierno central y fondos europeos han desarrollado programas y proyectos de orientación e inserción laboral para jóvenes, apoyo escolar. También han realizado actividades socioculturales de ocio, prevención de absentismo escolar, escuela de verano, escuela de madres y padres, terapia familiar, lucha contra las drogas, convenio para becas escolares, cursos de mantenimiento de edificios, electricidad, ofimática, educación y salud para inmigrantes y Mañanicas Flamencas.


Pusieron empeño en la recuperación de la tradición vidriera. Contactaron con los antiguos maestros del oficio, recibieron formación y actualización en La Granja de Segovia y se organizaron como asociación gremial para elaborar y comercializar productos clásicos y otros nuevos, como ceniceros. Esto les animó a presentar un proyecto de musealización. Ahí está el Museo del Vidrio de Santa Lucía, que necesita impulso institucional y mayor difusión.


Me relatan: «En enero de este año hemos recibido de la UPCT el premio a la Responsabilidad Social, aunque somos conscientes de que somos incómodos porque protestamos, pero nuestra fuerza es la autenticidad. No nos aprovechamos porque no vivimos de los pobres y no nos gusta la relación de sumisión con la Administración: si eres bueno, te damos subvención». Exigen a la misma que los trate como adultos, no como mendigos, porque lo que piden tiene sentido: la mejora integral del entorno.


Los partidos

«Hace unos ocho años nos adelantamos a los partidos y en lugar de esperar a que nos visitaran en periodo electoral, los convocamos desde la Coordinadora de barrios. Antes, hicimos una encuesta casa por casa para conocer las opiniones de vecindario sobre los problemas que padecen. Se los expusimos en un Power Point. De aquella experiencia salió el Plan Fénix, contemplando la eliminación de la vía del ferrocarril tan próxima a Los Mateos y que ocasionó la muerte a una de las alumnas», añadieron.


La comunicación con la ciudad pasa por atravesarla jugándose la vida. Lamentable. Otro punto importante es la restauración del castillo de los Moros, llevando aparejado la creación de una escuela taller y sus correspondientes puestos de trabajo en la zona, con una elevada tasa de paro. Al final se hicieron algunas cosas de pequeño calado porque la situación exige la adopción de medidas de calado, una eficaz coordinación entre Administraciones y vecinos y comisiones de seguimiento.


Celebraron la primera convocatoria de Anda Rascasa en 2014 y la segunda en 2016. Participaron representantes municipales, como el concejal Toni Calderón y la vicealcaldesa, Ana Belén Castejón. Elaboraron un folleto con motivo de esas marchas, que mostraban las realidades sociales y especialmente el desconocido patrimonio, como son diversas tipologías de viviendas tradicionales, el cementerio Nuestra Señora de los Remedios y sus artísticos panteones, el restaurado molino de viento de las piedras, el Pinacho, las iglesias, la dársena con su gran mural de Santiago, el paseo marítimo hacia Cala Cortina, con unas impresionantes vistas y murales destacables, el Barranco del Feo o de Orfeo, el monte Calvario, el castillo de San Julián o el Museo del Vidrio. Celebran logros como que el exacalde José López gestionara el paso de la ruta de las fortalezas por el castillo y algunas actuaciones de Carthagineses y Romanos.


Plataforma del Castillo

Forman parte de la Plataforma del Castillo de Los Moros, fortificación construida entre 1773 y 1778, las asociaciones de vecinos de Santa Lucía y Los Mateos, la Federación vecinal, la Asociación cultural El Pinacho, Aforca, Adepa, Daphne y CreeCT. Este último colectivo viene reivindicando la creación de un jardín botánico, ya que en la zona existió en el siglo XVIII. También son conscientes de que las obras supondrán acciones de demolición de viviendas, cuyos moradores deberán ser realojados.


Siguen empeñados en que los cargos públicos pateen el barrio, invitando a un recorrido, como hicieron con la alcaldesa Noelia Arroyo, cuya familia residió en la zona; Diego Conesa, del PSOE; y Manuel Padín. Ahora solo falta cumplir con coraje político.


El gran reto es la participación en la elaboración de un Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que defina el territorio y sus espacios, pensando en la gente que lo habita. Dejan caer la idea de generar una red con otras asociaciones de la periferia de Cartagena, incluida la rural.


Sor Nieves escribe en el citado libro que Rascasa ha apostado siempre «por crear espacios de encuentro y de diálogo, por despertar el sentimiento de dignidad de las personas, su autoestima, el espíritu reivindicativo y participativo». Cuando eso se alcance, Rascasa desaparecerá con alegría.

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